Así como la levadura que una mujer tomó y mezcló en tres medidas de harina, hasta que todo quedó fermentado, nosotros, las Misioneras Combonianas, también debemos mezclarnos con las comunidades en las que vivimos para hacer crecer la semilla del Evangelio.
El legado de Comboni
Hace 150 años, Daniel Comboni intuyó que las mujeres eran clave para sacar adelante las misiones en África, y por eso fundó el Instituto misionero femenino en Italia.
La labor pastoral de los misioneros de Comboni pudo completarse gracias a la participación de las misioneras combonianas, quienes podían acercarse y evangelizar a las mujeres y familias.
Mujeres en el corazón de la misión
Durante 150 años, las hermanas Combonianas han sido pan para los demás. En hospitales, escuelas y comunidades, han compartido el pan de la justicia y la paz. A pesar de las dificultades, han permanecido firmes, ofreciendo cuidado y esperanza. Su entrega refleja el carisma de ser pan, un llamado a servir con amor y compasión. Son un faro de esperanza en un mundo necesitado.
Respondiendo al llamado
Ser pan implica esfuerzo y regalo, permanecer en el amor para regenerarse cada día y ser fieles a un sí que pronunciamos hasta el final, incluso cuando nos quitan la vida. Como discipulas, estamos en camino escuchando a Jesús, que nos ha reunido en torno a él.
Ser pan significa estar presentes en la vida de las personas, compartir sus luchas y alegrías, y ofrecerles el pan de la Vida.