Paola Velasco. Smc en kenia
El termómetro marca 37º y la tierra está seca. En Adú, en la región costera de Kenia, el agua nunca es algo garantizado. Sin embargo, es precisamente aquí donde cuatro hermanas misioneras combonianas han elegido vivir y trabajar, desde hace ya diez años. Lo cuenta la hermana Paola Andrea Velásquez Urueña, originaria de Bogotá, Colombia, quien junto a otras tres hermanas —provenientes de la República Democrática del Congo, Italia y Eritrea— forman una pequeña comunidad internacional en medio del desierto.
El desafío del agua
El acceso al agua es uno de los desafíos más urgentes que la población local enfrenta cada día. Para responder a esta necesidad concreta, las hermanas han puesto en marcha un proyecto de abastecimiento hídrico basado en un pozo de aguas subterráneas alimentado por paneles solares.
Una respuesta sencilla y sostenible, que permite a las familias de la zona contar con agua potable y garantizarse una mayor seguridad alimentaria. No es una intervención nacida sobre el papel: es el fruto de años de escucha y de conocimiento progresivo del pueblo Guiriama, la comunidad predominante en la región.
Un pueblo hospitalario
Las hermanas están presentes en la escuela diocesana y en la parroquia local, en colaboración con los Padres Misioneros de la Consolata. Su compromiso principal es la primera evangelización, pero la manera en que la viven tiene poco de formal. «Tratamos de vivir la vida de la forma más sencilla posible con ellos», explica la hermana Paola, «para ser también un signo de luz y de esperanza.» Una comunidad mayoritariamente no católica que, según su testimonio, ha acogido con alegría su presencia y experimenta con gozo el encuentro con el Evangelio.
Una esperanza con rostro de mujeres
Cuatro mujeres, cuatro nacionalidades, un único horizonte. La misión de Adú cuenta, ya en su propia composición, algo esencial: el mensaje cristiano no pertenece a ninguna cultura en particular, sino que sabe habitarlas todas.
La hermana Paola se despide con las palabras que se escuchan a menudo por allá —Karibú Kenya, bienvenidos a Kenia— y con una bendición en swahili: Mungu awabariki, Dios los bendiga.
Una invitación a no olvidar a quienes trabajan en silencio, lejos, bajo un sol que no perdona. ¿Quieres escuchar a la hermana Paola con sus propias palabras? Mira el video y déjate contar la misión directamente por quien la vive cada día.
Ve el video: https://youtu.be/2lsJAZOG37k

