de Basma, Elena y Paola, Novicias Combonianas. San Antonio, Texas.
“En ese momento se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús” Lc 24:31
Así escribió Lucas en su Evangelio hablando de los discípulos de Emaús. También así lo sentimos nosotras en la preparación para ser Misioneras Combonianas. queremos abrir nuestros ojos al contexto social en el que estamos.
En la formación del postulantado en Granada (España), hemos compartido la realidad migratoria que se vive allí. Uno de los apostolados/ministerios de las Misioneras Combonianas en esta ciudad es el “Proyecto Girasol”. Este proyecto acoge a inmigrantes de América Latina, de Nigeria, de Marruecos y otros países que buscan nueva vida. El proyecto les ofrece la oportunidad de capacitación a través de cursos que les ayudan a insertarse a nivel laboral y cultural.
También hemos sido testigos de cómo la familia Comboniana en España acompaña un grupo juvenil misionero. El objetivo es el de ayudarles a discernir su camino vocacional y sensibilizarse hacia la realidad social y sus desafíos. Una de sus actividades más significativas se desarrolla durante la Semana Santa. Se propone una convivencia en la casa de los Misioneros Combonianos que permite reflexionar sobre el Triduo Pascual. Durante esa ocasión, pudimos hacernos más conscientes de cómo reconocemos la presencia de Jesús en nuestra vida y en nuestro contexto social. Como parte de esa actividad, participamos en un “Vía Crucis” itinerante entre diferentes parroquias compartiendo el camino y conectando con la experiencia de los migrantes.
Estas profundas experiencias de encuentro y atención a la realidad nos han acompañado ahora en el noviciado, en nuestra nueva etapa de formación en Estados Unidos. Aquí, en San Antonio (Texas), es muy evidente la presencia de los migrantes que principalmente vienen buscando refugio y una mejor calidad de vida en este país. En una experiencia Inter congregacional del verano pasado, en un Centro de Acogida Migratorio de Caridad Católica, en la frontera sur con México, pudimos percibir el dolor y la angustia de muchas familias que durante el camino habían sufrido violencia y persecución, para poder ver realizado su sueño de esperanza y nueva vida en Estados Unidos. Mientras ellos compartían con nosotras sus historias, nos fue posible percibir la grandeza de su fe, que les permitía reconocer la presencia de Jesús en su camino, a pesar de las muchas dificultades, y ser capaces de agradecer por esta promesa de nueva vida realizada por el Señor para ellos.
En esto encontramos el sentido de la Resurrección: ante signos de “muerte” e injusticia, es posible descubrir la presencia de Jesús que camina con nosotros y nos da nueva vida. Con ese sentido estamos invitados, como decía el Papa Francisco al inicio de la Cuaresma, a experimentar el resplandor divino de Jesús y “fortalecidos en la fe, proseguir juntos el camino con Él, Gloria de su pueblo y Luz de las naciones”.

