Hna. Atija Abel Joao Raimundo, Smc. México
Soy la Hna. Atija Abel Joao Raimundo, natural de Mozambique y después de mi formación en Zambia y Uganda ahora me encuentro en México, donde estoy aprendiendo el español, como la primera inserción para entrar a la misión.
Un camino corto pero intenso
En Zambia trabajé de lleno en diferentes apostolados como la catequesis en las parroquias y colegios, visitas a los enfermos, pastoral juvenil, centro de personas en situación de discapacidad física, en la catequesis y en campos de desplazados…
Y en todo ello he experimentado el amor de Dios en mi vida, como luz que guía mi camino y vocación misionera, descubriendo cada día cómo servirlo a través de los hermanos y hermanas que él me envía. Desde esa alegría quiero compartir mi vida a través de la música y danza en forma de proclamar el Evangelio de Cristo.
En las dificultades, Cristo es mi refugio a través de la oración que como Comboni dijo: “el infinito poder de la oración es la fuerza del misionero”, mi fuerza está en Cristo. Agradezco a Él por esta experiencia de vivir la formación como lugar de dejarme transformar y ser modelada en Él y para Él, quien me llama a seguirlo en los pasos de San Daniel Comboni.
La música como parte de la evangelización
Con la experiencia vivida durante mi formación inicial, me siento muy alegre de poder dar continuidad a esta forma de responder el llamado de Dios compartiendo mi vida a través de la música, visitando a los enfermos a quienes escucho y rezo el rosario con ellos, y también en la visita a comunidades y capillas para compartir la alegría del Evangelio en donde el Señor me envía como misionera.
De estas visitas, he aprendido cómo vivir y compartir mi vida con sencillez, recordándome siempre que para llegar a las personas necesito tener un corazón muy abierto para que todos se sientan en casa conmigo y de este modo mostrarles a Cristo quien también abrió su corazón y murió en la cruz por la humanidad.
Que Dios siga iluminando mi camino, y que nuestra Señora de Guadalupe y San Daniel Comboni, sean mi ejemplo para vivir mi vida en la misión.

