Yolanda Ramirez Salas. smc
Nuestra comunidad de las hermanas Combonianas está ubicada en Yaundé capital de Camerún y muy cerca de nuestra casa vive mucha gente que no tiene donde ir. Entre ellos han formado una familia y nosotras que pasamos cada día por ahí, hemos creado una relación de amistad con ellos.
Un saludo, una sonrisa, una conversación, gestos que nos hacen mas cercanas, fraternas y solidarias con las personas que por circunstancias diferentes viven en la calle.
Las sorpresas de la vida
Un día como como cualquier otro alguien tocó el timbre, salgo y ahí estaba un señor, aun joven pero su aspecto era de alguien mucho más mayor. Con una sonrisa me pregunta si podemos conversar, es Emmanuel.
Le hice pasar y con palabras conmovedoras me cuenta su situación, yo no podía pensar que detrás de esa sonrisa había tanto sufrimiento y soledad.
Me dice, “ya no se qué hacer, se me cierran todas las puertas y mi salud se deteriora cada vez más, ustedes son mi última esperanza. Discretamente se levanta el pantalón y me hace ver una ulcera que la rodeaba.
Ya hacía mucho tiempo que él estaba así sin atención medica por falta de medios económicos, él pensó que solo nosotras podíamos ayudarlo a salvar su pierna. Yo me interrogaba diciéndome: como una persona que está con tanto dolor y sufrimiento conserva su sonrisa y deseo de vivir.
Una esperanza en medio del dolor
Me compartió que dormía en la calle, que salía muy temprano para mendigar y que llevaba en el corazón el peso de las palabras que su familia le había dicho: ¨que nunca seria alguien de bien y que siempre le iría mal en la vida¨.
Su esposa lo abandonó y sus hijos no se ocupaban de él. No tenía vicios, es de un gran corazón, no quería rendirse y deseaba salir de su situación y recuperar a su familia.
Así fue como las hermanas enfermeras de la comunidad empezaron a curarle la úlcera, a darle una buena alimentación que le ayudara en la sanación de la herida. Necesitando cuidados especiales decidimos llevarlo donde las hermanas de Calcuta, una casa en un ambiente estable.
En poco tiempo Emmanuel en un ambiente favorable, cambió su aspecto físico, la llaga comenzó a sanar rápidamente, él conservaba su sonrisa y entusiasmo, ahí se hizo amigo de todos y ayudaba a los más necesitados.
La transformación se hace realidad
¡Qué alegría hemos experimentado como comunidad al ver esta transformación! Emmanuel nos ha ensenado a no perder nunca la esperanza, a conservar una mente positiva y optimista en medio de las situaciones de dolor y a no rendirse nunca delante de las dificultades. Está muy agradecido con Dios y nos decía que sintiendo esa alegría tan grande de la presencia de Dios que nunca lo abandona, sintiéndose tan amado de EL, había decidido iniciar la catequesis para recibir el bautismo.
Él ha trasformado nuestra vida, mi vida, estos son los pequeños milagros que como misioneras vemos cada día, Dios hace cosas grandes desde lo pequeño y sencillo, ¡esta es nuestra alegría!

