Fernanda Cristinelli, smc. Uganda
Aquí en Uganda el trabajo no falta nunca y las situaciones nos provocan para intentar dar respuesta a lo que vamos viendo. Desde hace ya algunos años luchamos contra el tráfico de niños en Kampala.
Una cruda realidad
Es impresionante ver la cantidad de niños pequeños que se ven obligados a mendigar en las calles de la capital durante todo el día y además vigilados por grupos de mujeres. Por la noche los llevan a un barrio de chabolas donde viven en condiciones espantosas. Son realmente mafias bien organizadas y estructuradas.
Responsabilidad de los adultos
Estos niños, en su gran mayoría, proceden de una zona de la región de Karamoja: a veces son sus padres y parientes quienes los traen a la ciudad para explotarlos económicamente, otras veces los padres son engañados para que confíen sus hijos a parientes o amigos que viven en Kampala, quienes inician a los niños en la mendicidad.
Es desgarrador ver a estos niños, incluso de tan sólo dos años, estirando sus manitas todo el día pidiendo limosna, sentados en aceras polvorientas. También hay niñas de tan solo 10-12 años que tienen que llevar un bebé a hombros, y que a menudo mueren de enfermedades contraídas en el camino.
La Iglesia toma posición
Con el apoyo de la diócesis de Moroto hemos abierto una pequeña guardería en la capital para acoger a los niños, al menos durante unas horas al día. Allí son atendidos con cariño por un equipo de religiosas y de laicos. Hacemos todo lo posible para devolver a los niños la serenidad de la infancia, intentar que vayan a la escuela, devolverlos a sus familias (si es posible) o colocarlos en algún programa de acogida.
Mirando al futuro
El gran problema es convencer a los adultos de Karamoja para que pongan fin a esta horrible explotación. Algunos, tras mucho tiempo de persuasión, aceptan dejar de utilizar a los niños como fuente de ingresos y nos los confían. Otros, sin embargo, continúan con su tráfico. Y cada día hay nuevos pequeños en las calles.
Son realidades difíciles en las que nos involucramos allí donde nuestro Carisma nos impulsa, al mismo tiempo que nos asomamos cada día a la belleza de este maravilloso país, a la generosidad de tanta gente, al compromiso de los voluntarios, de los cristianos, a la solidaridad entre iglesias y grupos, de los que creen y trabajan por un mundo mejor.

