Hna. Elizabeth Carrillo. Misionera Comboniana. Nacala (Mozambique)
Sabemos que educar genera futuro, por eso la Escuela Femenina de Nacala Porto, al norte de Mozambique, acoge a 300 alumnas, muchas de las cuales vienen de muy lejos y pertenecen a otras etnias. La mitad de las chicas viven en el internado, donde acogemos a todas sin distinción, pero damos preferencia a las más pobres que vienen del interior o a las huérfanas porque tienen menos posibilidades.
Saber escuchar
Las jóvenes son nuestra prioridad por eso, atendemos primero sus necesidades.
Hoy me he encontrado con “Mariza” de 16 años y que tiene problemas en el internado. Es rebelde, ha bajado de notas, no come, se pelea con sus amigas, responde mal a los profesores, etc. No quiere hablar solo llora. Después de muchas tentativas, se suelta y comienza a conversar.
No sabe el porqué de su rabia y de su rebeldía, solo dice que tiene coraje, que siempre fue así, no sabe qué hacer, pero quiere estudiar, no quiere dejar la escuela.
Después de varias preguntas me cuenta que es huérfana, y que su tío la maltrataba, lo que más le preocupa es su hermanita pequeña a quien siempre defendió, su única familia, ella está en otro internado.
La resiliencia desde la infancia
Más que solucionar todos los problemas, escucho y me sorprendo cuando veo tanto sufrimiento, tanta resiliencia de estas pequeñas niñas. La mayor parte de estas jóvenes, guardan en su interior rencor, rabias contenidas por la vida que encontraron y que les toca afrontar: abusos, abandonos de sus familiares, pobreza, sufrimiento, etc.
Las misioneras Combonianas apoyamos a estas jóvenes, escuchándolas y buscando esperanza juntas, no es fácil; pero sentir que existen personas que se interesan por ellas es un aliento. Y buscar con ellas un futuro diferente les da aliento para emprender a forjar una vida diferente de la que tienen.
Formar mujeres críticas y autónomas
Uno de los objetivos de la escuela femenina es el desarrollo del pensamiento crítico, que adquieran autoestima saludable, desarrollen la oratoria, y adquieran valores para que su vida mejore.
Por eso, lo que importa es su participación activa y reflexiva en las clases. A ellas, como a muchos jóvenes, les encanta hablar y discutir, pero también son poco asiduas en poner en práctica sus compromisos. Por eso, a veces con gestos pequeños de disciplina, de hábitos, de compromisos van ayudándose a valorar más lo que son.
Al terminar la tarde visito el curso de culinaria, una iniciativa que está ayudando a mujeres jóvenes a conseguir un autoempleo, mis hermanas contribuyen en este empeño, dando clases sobre comida internacional, gastronomía, etc. Ellas disfrutan del aprendizaje y de probar lo que hacen, siempre llevan un poquito para su casa, para que prueben sus hijos.
Feliz con el progreso de las niñas
Me contagian de alegría y de sabor, están felices, saben que después podrán ganar un dinerito y así ser más independientes ayudando en el sustento de sus familias. Acabo mi día de servicio, contenta por las emociones del día, y voy junto con mis hermanas con las cuales compartimos las novedades y agradecemos a Dios por tanta belleza, resiliencia, persistencia y bondad que encontramos en la gente mozambiqueña.

