De Lilia Karina Navarrete. Misionera Comboniana. Granada (España)
Llevo en España algo más de 2 años donde fui destinada para trabajar en la animación Misionera, al servicio de la Iglesia local española. Es un servicio que me ayuda a redescubrir mi vocación Misionera, cada vez que comparto mi experiencia en otras misiones.
Los cambios nos hacen crecer
Soy mexicana y mi primera experiencia de misión la realicé en Mozambique y más tarde en Italia cuidando a las hermanas mayores, ya que soy enfermera. Este era un nuevo reto y un desafío para mí.
Puedo decir que entrar en contacto directo con las personas y compartir con ellas lo que ha sido el paso de Dios en mi vida durante estos años como misionera ha enriquecido y fortalecido mi fe. El contacto con otros pueblos y culturas, me ayuda a vivificar mi deseo y alegría de ser y vivir la misión.
Una experiencia pastoral sobre el terreno
A menudo tengo la oportunidad de ir a colegios e institutos, donde encuentro niños y jóvenes de todo tipo. Veo la sorpresa dibujada en sus rostros cuando me escuchan y cuando ven las fotografías que acompañan mi experiencia.
Noto su felicidad cuando entienden que también ellos pueden ser misioneros (as) e ir a otras tierras para ayudar a las personas que lo necesiten y rezar junto con ellos en las diferentes lenguas locales. Todo ese cúmulo de experiencias me hace sentir que nuestra misión de animar y recordar a todos que la “mies es mucha y los obreros son pocos…” aún es necesaria y vale la pena.
La vida parroquial a la base de todo
También me encuentro con grupos misioneros en parroquias y en las delegaciones de misiones. Constato su compromiso, su dedicación y espíritu de oración. Eso provoca en mí un fuerte sentimiento de gratitud, porque sé que gracias a ellos (as) aún siguen surgiendo hombres y mujeres que desean dejarlo todo para servir a Dios y anunciar al Señor donde aún no lo conocen.
Veo así tan cerca la fuente de las oraciones de la iglesia misionera, que tantas veces, sin saberlo, me dio y continúa aun dándome fuerza y ánimo. Esa fuerza que sentía de un modo particular cuando me encontraba lejos de mi tierra, de mi familia y amigos (as).
Estoy muy agradecida al Señor por la vocación misionera que me ha regalado y por la experiencia que me está haciendo realizar ahora en Europa.

