De Cristina Parra Aguirre, desde México
Mi tía Cuquita, la hermana María Refugio Parra Gutiérrez, misionera Comboniana desde agosto de 1965, es una gran mujer con alma de niña. Es curiosa, inquieta, generosa, alegre, sabe llegar al corazón de quien le conoce.
Pequeña pero muy grande
Aunque es pequeña de estatura, de figura menudita y su presencia es discreta, nunca pasa desapercibida. Su chispa, su ingenio, su humor, su dulzura, su sonrisa le abren paso y dejan huella por donde pasa. Sus pies ligeros, tienen un peso tremendo en sus pasos que no dejan indiferentes a quienes la ven pasar o llegar a donde están.
Dios nuestro Señor, a través de San Daniel Comboni supo conquistar su corazón desde hace más de 50 años para evangelizar con sus palabras, con su testimonio, con su servicio, con sus manos, sus ojos, sus pasos, su voz, con todo su ser. Para evangelizar -la mayor parte del tiempo en África- a los más pequeños, a los hambrientos de amor y transmitirles el gran amor que Dios les tiene. Les ayuda a reconocer la gran dignidad que poseen y lo valiosos que son a los ojos de Dios.
Lo que he aprendido de ella
De ella he aprendido la energía, la convicción, el impulso que le da el amor de Dios que tiene en su corazón y lo comparte con quienes tiene alrededor. Con la fuerza del Espíritu Santo que la sostiene, ha sabido ser SAL que da sabor al cumplir su encomienda y preservando de la corrupción a las almas a ella encomendadas, y también ha sido LUZ en medio de la oscuridad, dándoles esperanza y confianza en Dios.
Hace aprox. 30 años yo decía que quería ser su relevo, pero todavía tiene mucho que dar, mucho que compartir, es muy valiente para acompañar a las personas, caminar con ellas enfrentando las situaciones adversas, los retos que la vida les presenta. Me queda muy grande “su hábito de Comboniana” para ocupar su lugar, pero sirviendo en mi Iglesia Doméstica durante casi 26 años me he encontrado con Dios y lo he compartido con los míos. Me ha acompañado en muchos momentos importantes y claves de mi vida. Ha estado conmigo al recibir la plenitud de la gracia en los Sacramentos.
Que Dios la acompañe en esta nueva MISIÓN en Egipto, que la fortalezca, la guíe y la sostenga.

