Tere Landa. Smc.
Soy María Teresa Landa Aguilar, originaria de Xalapa, Veracruz. Hace 43 años hice mis primeros votos y ¡me parece que fue ayer! Cada día que pasa doy gracias a Dios por esta hermosa vocación que para mí ha sido una continua fuente de bendiciones.
Recuerdos de infancia que no se borran
Recuerdo que cuando tenía siete años, en el cole unos misioneros venían a hablarnos de las misiones y me asombraba el valor y la entrega de estas personas para anunciar el evangelio a pueblos pobres y olvidados en África. Me preguntaba si yo sería capaz de hacer lo mismo; me daba temor, pero al mismo tiempo me atraía.
Con el tiempo cayó en mis manos la revista Esquila Misional y vi una sección titulada “Chicas en busca de algo que vale”. Una amiga de mi hermana que tenía la suscripción me empezó a pasar las revistas después de haberlas leído.
A los 15 años dije a mis padres que quería ser misionera, pero ellos me dijeron que podría hacerlo cuando fuese autosuficiente económicamente, así que tuve que estudiar una carrera. Al terminar empecé a trabajar y entonces se me presentaron otras posibilidades para realizarme en la vida que de alguna manera me atraían; pero noté que ninguna de estas aspiraciones podía llenar mi corazón ni me daban paz interior.
Una llamada misionera muy fuerte
Yo llevaba dentro de mí una lucha; pero fue cuando finalmente le dije que sí al Señor que sentí una paz profunda y duradera. Así que sin importarme lo que dijeran los demás hice todo lo necesario para ingresar al Instituto de las Misioneras Combonianas. Después supe que eran los Misioneros Combonianos quienes iban a hablar de las misiones a mi escuela de primaria.
Después de mis años de formación, estuve en varias misiones en el extranjero. Entre los apostolados que he ejercido, lo que más me ha agradado hacer es la catequesis para los sacramentos de iniciación cristiana en adultos provenientes de otras confesiones religiosas (Palermo, Italia), colaborar en la formación de jóvenes misioneros en el movimiento de América Misionera (Ecuador), formación cristiana para quienes se encuentran privados de su libertad en prisión (Perú) y catequesis parroquial.
Agradecida a la vida y a las personas
Ahora me encuentro en Tlaquepaque (Jalisco) desde hace año y medio en una pequeña comunidad, después de ocho años de haber acompañado a mi mamá en su enfermedad hasta que falleció a los cien años. Mi familia y yo estamos profundamente agradecidos con las hermanas combonianas por este permiso que me han concedido, pues la situación en familia era un poco complicada para afrontar los cuidados que mi mami necesitaba. Ahora de nuevo me estoy integrando en el servicio pastoral de nuestra zona y espero contribuir, en comunión con mis hermanas de comunidad, a la formación humana y espiritual de las personas a nuestro cargo para dar esperanza e infundir entusiasmo en estos tiempos tan urgentemente necesitados de evangelización, para gloria de Dios.

