de Paola A. Velasco U. – Novicia Comboniana di Colombia
Hoy quiero compartir con ustedes mi experiencia como novicia en mi camino de formación hacia la vida religiosa como hermana misionera. Es un privilegio y una bendición caminar junto a Dios en este viaje de entrega y servicio a los demás.
Mi vocación religiosa ha sido un proceso de discernimiento y crecimiento espiritual. Desde joven, sentí el llamado de Dios en mi corazón, y durante mi tiempo como novicia, he experimentado una profunda transformación y un fortalecimiento de mi relación con Él.
La vida como novicia ha sido un tiempo de dedicación a la formación espiritual y a la adquisición de conocimientos teológicos. A través de la oración diaria, la meditación de las Escrituras y la participación en los sacramentos, he buscado profundizar mi comunión con Dios y escuchar Su voz en mi vida. Cada día es una oportunidad para crecer en el amor y la gracia de Dios.
El servicio a los demás ha sido un componente fundamental de mi formación. He tenido la bendición de participar en proyectos de ayuda a los más necesitados, ya sea trabajando con comunidades desfavorecidas, brindando apoyo a personas sin hogar o colaborando en proyectos de desarrollo comunitario. Estas experiencias han ampliado mi comprensión de las necesidades del mundo y han despertado en mí un deseo aún más profundo de ser un instrumento del amor de Dios en la vida de los demás.
En mi camino como novicia, también he aprendido la importancia de vivir en comunidad. La vida en comunidad me ha brindado un espacio para compartir experiencias, apoyarnos mutuamente y crecer juntas en nuestra fe. A través del diálogo, la colaboración y el respeto mutuo, hemos construido una familia espiritual que nos anima y fortalece en nuestro compromiso con la misión.
Aunque enfrento desafíos en mi camino como novicia, como la adaptación a una vida más estructurada y la renuncia a ciertas comodidades, encuentro consuelo y fortaleza en la certeza de que estoy siguiendo la voluntad de Dios. A través de la oración y el acompañamiento espiritual, he aprendido a confiar en la guía del Espíritu Santo y a aceptar los desafíos como oportunidades de crecimiento y santificación.
Mi deseo es convertirme en una hermana misionera comprometida en llevar el mensaje de amor y esperanza de Cristo a todos los rincones del mundo. Deseo ser un testimonio vivo del amor de Dios, brindando consuelo, compasión y apoyo a aquellos que más lo necesitan. A través de mi formación como novicia, estoy preparándome para esta misión y buscando la manera de ser fiel al llamado de Dios en mi vida.
Les animo a todos a escuchar la voz de Dios en sus vidas y a responder con generosidad y valentía. Cada uno de nosotros tiene un papel importante en la construcción del Reino de Dios en la tierra. Ya sea como religiosos, laicos comprometidos o en cualquier vocación que Dios nos llame, podemos marcar la diferencia en el mundo a través de nuestro amor y servicio.
En mi camino como novicia, he experimentado la alegría y la paz que provienen de seguir a Dios y de servir a los demás. Agradezco a todos aquellos que me han acompañado y apoyado en este viaje, y les pido sus oraciones para que pueda perseverar en mi formación y seguir creciendo en mi relación con Dios.

