de Laura Malnati, smc – Nampula, Mozambico
En el corazón del norte de Mozambique, concretamente en la región de Nampula, una crisis humanitaria silenciosa está poniendo a prueba la resiliencia de miles de familias. Desde 2020, oleadas de violencia perpetradas por grupos yihadistas han obligado a comunidades enteras a abandonar sus hogares, tierras y medios de subsistencia.
Joana, una de las muchas desplazadas, cuenta su historia con voz temblorosa: “Acabábamos de irnos a dormir cuando oímos los disparos. Enseguida nos dimos cuenta de que era el comienzo de un ataque a nuestro pueblo, Muidumbe, en la provincia de Cabo Delgado. Mi marido y yo nos levantamos rápidamente, cogimos a nuestros tres hijos y huimos al bosque”.
La precipitada huida de Joana y su familia es sólo el comienzo de una odisea compartida por miles de mozambiqueños. Durante cinco días, vagaron por el bosque sin comida, ropa limpia ni un lugar seguro donde lavarse. A su regreso, sólo encontraron cenizas y destrucción.
En respuesta a esta crisis, el gobierno mozambiqueño ha establecido campos de acogida como el de Corrane, situado a unos 50 km de Nampula, y el de Impiri, a 30 km de Balama. Aquí, las familias desplazadas intentan reconstruir sus vidas, transformando chozas improvisadas en hogares y cultivando pequeñas parcelas de tierra con mandioca, verduras y frijoles.
En este contexto de desesperación y esperanza, las Hermanas Combonianas han respondido a la llamada del Papa Francisco en su encíclica Laudato Sí. Su presencia en los campos de Corrane e Impiri va más allá de la simple asistencia material. Además de proporcionar alimentos, ropa y artículos de primera necesidad, las hermanas han puesto en marcha un ambicioso proyecto de reforestación.
“Cuando llegamos, los campos eran extensiones áridas sin un solo árbol”, cuenta la Hermana Laura Malnati. “Comprendimos que para devolver la dignidad a estas personas, también teníamos que devolver la vida a la tierra”.
El proyecto de reforestación no sólo está transformando el paisaje, sino que también ofrece una nueva perspectiva a los desplazados. Plantando árboles frutales y de sombra, las hermanas y los residentes de los campos están haciendo florecer literalmente el desierto, encarnando el mensaje de Laudato Sí que nos recuerda que “la vida humana es en sí misma un don que debe ser protegido de diversas formas de degradación”.
Intención de oración:
“Oremos para que los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, puedan superarse, volver a elegir el bien y regenerarse, más allá de cualquier condicionamiento psicológico y social que se les imponga”. (LS 205)
Acción:
- Informarse sobre la situación de los desplazados en Mozambique y compartir su historia.
- Apoyar a organizaciones que trabajan por la reforestación y la asistencia a los desplazados.
- Reflexionar sobre los propios hábitos de consumo y cómo pueden afectar a comunidades vulnerables en otras partes del mundo.
En conclusión, mientras el norte de Mozambique sigue luchando contra la violencia y el desplazamiento, la obra de las Hermanas Combonianas nos recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, siempre existe la posibilidad de hacer florecer el desierto. A través del cuidado de la tierra y de las personas, están demostrando que el mensaje de Laudato Sí no es sólo una teoría, sino una práctica cotidiana de esperanza y renacimiento.
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