de Marie Reine, smc – Togo (Misionera en Perú)
Hoy quiero compartir con ustedes lo que inspira a las personas a convertirse en misioneras. Según mi experiencia personal, encontré mi inspiración en el encuentro personal con Dios, manifestado a través del amor, la compasión y la misericordia presentes en las actitudes y la presencia de los misioneros en mi parroquia. Me sentí acompañada y compartí el sentimiento de decir como Rut: “Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios”.
Mi misión actual se desarrolla en la periferia de Lima, en un lugar llamado la Nueva Rinconada. Aquí, trabajé en uno de los proyectos de los Jesuitas llamado “Casita”, un programa de educación informal para niños y formación para las madres, que acompaña a las familias. Organicé liturgias junto a ellos, participé en el grupo de infancia misionera y realicé actividades de catequesis. He vivido todo esto con una actitud de oración, escucha, paciencia y alegría. Aprendí el método para hacerme entender y hacerlos entender, desarrollando una conciencia de la cultura local. Experimenté la importancia de una formación integral y compartí todo esto con la ayuda del pueblo, en la sencillez y humildad, convirtiéndome en una de ellos y compartiendo mi experiencia de Dios.
Mis experiencias al compartir mi fe en culturas diferentes y superar los principales obstáculos han sido una riqueza en cuanto al encuentro con una cultura diferente a la mía. Compartí la experiencia de la fe con ellos, respetando su ritmo en el camino de abrazar la fe, trabajando juntos en pequeñas tareas de limpieza y decoración de la iglesia, preparando alimentos para los enfermos y personas necesitadas, rezando la Palabra de Dios con ellos. De esta manera, los conocí y pude insertarme en su realidad, aceptando sin hacer comparaciones con mi propia cultura.
El impacto de mi trabajo misionero en mi vida personal ha sido significativo. He desarrollado una visión amplia para percibir las realidades, he cultivado el optimismo y he sido más abierta y receptiva hacia otras culturas. He aprendido que a través de los errores se aprende y que los errores son oportunidades para mejorar. He desarrollado la experiencia de un Dios misericordioso que está cerca de mí, que no solo observa lo que hago, sino que atiende mi deseo de amarlo y hacer Su voluntad a través de mi relación con Él y con Su pueblo. Me siento segura y protegida con Él.
Como consejo final, les digo que cultiven una buena relación con Jesús, que confíen y se dejen guiar por el Espíritu Santo que habla en lo más profundo de nuestros corazones. Sean abiertas, acogedoras y déjense acompañar y ayudar por quien estan a su lado, que están allí para ustedes.
La inspiración que impulsa a las personas a convertirse en misioneras es un valioso regalo que trae alegría, transformación y enriquecimiento tanto en la propia vida, como en la vida de aquellos que tienen la oportunidad de encontrar en el camino. Que este testimonio pueda inspirar y alentar a cada una de ustedes a descubrir su propia manera de responder al llamado de la misión, llevando amor, esperanza y solidaridad al mundo.

