de Laura Díaz Barco, mc en Roma.
Del 13 al 15 de febrero tuvo lugar en Bressanone-Brixen (Tirol del sur) el encuentro anual del Grupo de Reflexión Teológica (GERT) de los Misioneros Combonianos (MCCJ). Este grupo está formado principalmente por MCCJ que trabajan en las distintas circunscripciones europeas. Sr. Mariolina Cattaneo e sr. Laura Díaz Barco participaron representando a las Misioneras Combonianas, a las cuales se hace extensible la invitación.
Esta iniciativa, que cuenta con más de 20 años, tiene como objetivo promover una reflexión teológica sobre la Misión en Europa a través de la elaboración de artículos y pequeños ensayos críticos de corte teológico e misionolόgico. En este encuentro, la temática giraba en torno a la centralidad de la Palabra de Dios y la necesidad de su lectura contextualizada en el continente europeo.
Una de las cuestiones que ha surgido con mayor fuerza es la irrelevancia y marginalidad que la Iglesia en general y la Misión en particular juegan en Europa. Surge la necesidad de una vida religiosa misionaria capaz de vivir proféticamente desde la periferia, sin pretensiones, creando espacios seguros e inclusivos para aquellos que se sienten excluidos en el «centro».
Además, en líneas generales, se constata entre los miembros de la familia comboniana una cierta resistencia a leer, analizar críticamente y reflexionar sobre el contexto en que vivimos, siendo más inclinados hacia la acción. Sin embargo, la Misión en Europa se presenta cada vez más compleja y desafiante y exige capacidad analítica para escrutar el presente a la luz de la Palabra y el Magisterio y discernir los movimientos del Espíritu.
En nuestro caso, como Misioneras Combonianas, nos encontramos en un momento liminal, es decir, en un espacio de transición entre una realidad congregacional que ya no existe y una nueva realidad reconfigurada que está aún por emerger completamente. En Europa, estamos dando nuestros primeros pasos como realidad reconfigurada. Se nos pide repensar nuestra presencia misionera en Europa y una tentación podría ser la de inmediatamente reflexionar sobre la ministerialidad, sobre el tipo o los tipos de ministerios que quisiéramos llevar adelante. En mi opinión, sería más oportuno dar un paso atrás para reflexionar sobre la «esencia» o «substancia» fundamental que nos define como Misioneras Combonianas, es decir, ese elemento sin el cual no podríamos definirnos como Misioneras Combonianas, que es el corazón del carisma: la Misión. Los ministerios son «accidentales»; cambian según el lugar, el contexto, la preparación de la persona, etc. En cambio, la Misión es el elemento esencial, substancial, que constituye nuestra espina dorsal, que nos da una identidad y no debería cambiar.
Hoy en día, la Misión se define y se explica de muchas maneras. Se dicen tantas cosas de la Misión que a veces da la impresión que todo es Misión. Creo que no deberíamos dar por sentado nuestro concepto de Misión y las distintas categorías que la aplicamos, puesto que no siempre tenemos una visión y un vocabulario univoco. De ahí, la necesidad de reflexionar juntas, de dia-logar, literalmente pensar a través, para llegar a una comprensión común. El dialogo no pretende eliminar las diferencias o resolver las tensiones sino clarificar conceptos y crear un espacio común donde tengan cabida distintos enfoques.
Esperemos que este tiempo liminal sea una oportunidad de crecimiento, que nos permita crear espacios de reflexión entre nosotras para poder responder proféticamente a las provocaciones del Espíritu.

