El camino de servicio de una misionera en Chad
Cuando Rosangela Confalonieri llegó a Chad en 1978, fue recibida con los brazos abiertos por el pueblo chadiano, que cariñosamente la apodó “Neloumta”, que significa “me gustas mucho”. Desde entonces, esta misionera comboniana se ha integrado plenamente en la comunidad local.
A lo largo de más de cuatro décadas en Chad, Rosangela se ha dedicado con pasión a la pastoral catequética, estableciendo un vínculo cercano con la gente. Pese a dificultades como el clima extremo y las malas carreteras, ella persevera con actitud positiva.
Todos los miércoles emprende un viaje de fe al pueblo de Mairon para apoyar al catequista, rezando y cantando en el camino. Ya en la parroquia, imparte catequesis para consolidar esa pequeña comunidad cristiana a través de la fraternidad. Para Rosangela, este encuentro semanal es una bendición que la llena de dicha.
Los domingos realiza catequesis con jóvenes universitarios, buscando inspirarlos a integrar la Palabra de Dios en sus vidas. Ver cómo sus palabras motivan a estos jóvenes llenos de esperanza, la colma de alegría.
También sostiene reuniones periódicas con matrimonios para fortalecer sus vínculos y espiritualidad. Valora estas conversaciones de corazón a corazón.
Aunque ha sido testigo de grandes dificultades sociales en Chad, Rosangela mantiene la esperanza en un futuro más justo. Su fe se nutre del amor compartido con la comunidad, recordándole que la verdadera riqueza está en la solidaridad.
La entrega de esta misionera nos invita a valorar los encuentros humanos y trabajar unidos por un mundo fraterno. Que su ejemplo nos inspire a descubrir la belleza de cada persona y reconocer que todos tenemos algo para aprender y para dar.

