De Haimanot Beraki, Misionera Comboniana en Paisley (Inglaterra)
Entender muy bien a los inmigrantes con los que me cruzo todos los días
La misión hoy en UK
Llevo un año y medio en Inglaterra, en una ciudad no muy grande, al norte. El frío del invierno me produce una cierta tristeza y melancolía y estoy deseando que lleguen algunos rayos de sol.
Soy de Eritrea y he vivido y trabajado en Kenia, Perú y España. La vida era muy distinta en estos ambientes. Ahora aquí me siento como “extraña”. Soy misionera, es verdad, pero por momentos me siento como inmigrante en este país. Dentro de poco tendré que salir de aquí porque el gobierno así lo exige.
Entender al inmigrante
Esta situación me hace entender muy bien a los inmigrantes con los que me cruzo todos los días y con los que trabajo en dos centros distintos de acogida. Estos centros están gestionados por los jesuitas y el servicio de acogida es muy bueno. Allí reciben inmigrantes de muchos países: Ucrania, Sudán, Irán, Irak, Afganistán, Siria, Turquía, Yemen. ¡Vivimos una interculturalidad muy grande!
Uno de los desafíos más grandes que yo veo para estas personas es la lengua. La mayoría hablan su lengua nativa, el árabe y muy pocos hablan inglés. En este sentido los laicos están muy comprometidos dando clases de inglés para quienes llegan al país y no lo saben.
Mi colaboración
Cuando colaboras en uno de estos centros de acogida te das cuenta de que una de las necesidades más fuertes es la de encontrar personas que te acojan, que no te juzguen, que te sonrían y te escuchen. Esa es un poco mi finalidad en este centro. No tengo un rol específico, pero mi presencia ofrece escucha, amistad, cercanía, una sonrisa… La sola presencia y una sonrisa de acogida hacen mucho bien en estos ambientes.
En uno de los centros les ayudamos con los trámites más sencillos y cotidianos: desde sacar el abono transporte, hasta poder hacer la inscripción para la escuela de los niños y adultos, porque el inglés les dificulta mucho estos trámites. Las necesidades son tantas y se trata de escuchar para entender cómo podemos ofrecerles la mejor ayuda. Somos muchos los voluntarios que ofrecemos este servicio de acogida y de escucha.
Las necesidades son muchas
Son muchas las personas que pasan por estos centros cada día. Generalmente nos relacionamos con ellos a través de un traductor, lo que limita en cierto modo nuestra cercanía. Pero siento que ellos están contentos con nuestra presencia, que se sienten apoyados con la ayuda que les brindamos. Cuando se marchan lo hacen muy agradecidos.
Los viernes me centro en un grupo de mujeres que participan en distintos talleres: costura, cocina, informática. Personalmente sigo el grupo de la costura. También aquí las mujeres que participan vienen de nacionalidades muy distintas, pero intentamos hablar entre nosotras y se crean lazos muy humanos y muy bonitos. Veo que las mujeres aprecian mi presencia porque ven en mí a alguien que las escucha, que las entiende.
Cuando a mediodía llega el servicio de comedor lo entendemos también como un momento para compartir. Son tantos los inmigrantes que vienen que a veces la comida no es suficiente para todos.
Dar desde la humildad
En definitiva considero que el servicio que presto es un servicio que requiere mucha humildad. Generalmente queremos ser reconocidos por lo que hacemos pero en este caso se trata solamente de una presencia discreta, escondida, pero real. Y es ahí, en ese estar ahí discretamente donde siento que soy oído, presencia y cercanía.

