Olga Estela Sánchez Caro. Smc. Desde S. Antonio – Texas (EEUU)
Dios me ha dado la oportunidad de experimentar muchos desafíos en mi vida y me ha dado su Gracia para poder acogerlos como una oportunidad de crecimiento y de encontrar en ellos lo nuevo que Dios está haciendo en mí. En estos últimos anos me ha permitido experimentar desafíos que me han ayudado a crecer en la esperanza, comunión y abertura a los signos de los tiempos.
Vivir el momento de la aurora en la congregación
Uno de mis grandes desafíos fue el aceptar el servicio de liderazgo en una reconfiguración de provincia que como congregación estamos comenzando, donde aún no tenemos mucha claridad sobre muchas cosas.
Pero es en el momento de la aurora, precedida por la hora más oscura del día, donde las mujeres del Evangelio fueron testigos de la resurrección de Jesús, de la esperanza y de la nueva vida.
Creo profundamente que Dios está realizando una cosa nueva en la congregación, que Comboni continúa intercediendo por nosotras, para poder ser presencias proféticas en los pueblos donde vivimos.
En esta profunda convicción me sostiene la Gracia y el Espíritu de Dios, que actúan en mi humanidad, mis límites y fuerza, mis dones y mis fallas, y me ayudan a responder con esperanza las preguntas a nuestro futuro como provincia y congregación, como Iglesia y humanidad.
Nuestra diversidad nos hace más fuertes
Un desafío que vivo en la reconfiguración es el ser testimonio de comunión en una provincia muy diversa.
El vivir en Estados Unidos, un país de la diversidad, donde se hablan más de 100 lenguas, y hay más culturas de las que hay en México, mi país de origen, me ayuda a ver esperanzadoramente que se puede vivir en interacción y comunión con lo diferente cuando queremos.
Esto me da la esperanza de que en una provincia, donde somos alrededor de 100 hermanas, compuesta de ocho países, con cuatro lenguas diferentes (inglés, español, portugués y creol), podemos vivir en comunión y ser testimonio de esperanza en un mundo fragmentado y dividido.
Nuestras comunidades interculturales e intergeneracionales son ya un testimonio de la unidad del Reino, que nos recuerdan nuestro compromiso de continuar trabajando en la comunión.
Queremos ser respuesta profética
Un desafío para la vida religiosa es dar una respuesta profética a los signos de los tiempos, especialmente en situaciones concretas de violencia y pobreza.
Delante de esto, veo que nuestras comunidades inter congregacionales en República Dominicana y Haití, son signos de esperanza y comunión, nuevos modelos de misión y colaboración, de vivir la profecía, de dar respuesta a los signos de los tiempos, especialmente en contextos de violencia y empobrecimiento.
Continuaría con una lista de desafíos que he experimentado en este tiempo, pero en todo me siento agradecida con Dios por dejarme existir en este mundo.
Porque no deja de llamarnos a ser señales de esperanza en un mundo que busca incansablemente Su humanidad y hermandad. En un mundo en el que la esperanza y fe en Dios es lo que le da Vida, la vida del Amor.

