De Luigina Coccia, Misionera Comboniana en Haití
Quiénes somos
Como comunidad inter congregacional, estamos presentes en Haití desde el año 2010. Ese año la vida religiosa femenina de América Latina se unió en comunidades inter congregacionales para estar cerca de la gente abrumada por el terremoto. Durante varios años trabajamos con el servicio Jesuita para refugiados y desplazados. Pero desde el año 2021, tras el aumento de la violencia y los secuestros perpetrados por bandas armadas, especialmente en la capital, Puerto Príncipe, esta comunidad inter congregacional, se trasladó al sureste del país, en la frontera con República Dominicana, a un lugar llamado Anse a Pitres, una de las zonas más pobres de Haití.
Somos tres hermanas de tres congregaciones diferentes, y vivimos en el barrio “Refugiés”, creado por haitianos deportados de la República Dominicana, a 10 minutos de la frontera con este país. Los motivos que impulsan a los haitianos a cruzar la frontera son diversos, y se relacionan principalmente con la búsqueda de trabajo y comercio, así como con la situación de inestabilidad política y de violencia que vive el país desde hace años.
Nuestra Misión
Como comunidad, nuestra primera misión es crear una presencia acogedora, cercana a la gente. Vivimos nuestra vida cotidiana con sencillez, dejando nuestra casa abierta para todos los que pasan y buscan establecer contacto con nosotros, aunque sólo sea pidiendo un vaso de agua aquí donde se siente el calor. Y es que queremos que nuestra vida comunitaria, hecha de trabajo, servicio mutuo, oración personal y comunitaria sea una presencia de paz entre la gente y de intercesión. Por ello en nuestra oración diaria invocamos el don de la paz sobre este pueblo, el fin de la violencia, de la injusticia, y pedimos a Dios que no se olvide de Haití.
También realizamos actividades más estructuradas como por ejemplo el acompañamiento de grupos de mujeres que diariamente cruzan la frontera de la República Dominicana en busca de trabajo para la supervivencia de sus familias. Por esa razón con ellas llevamos a cabo proyectos de microcrédito para favorecer el mercado local y reducir la migración diaria a la República Dominicana donde sufren mucha discriminación.
Como la mayoría de estas personas son indocumentadas, con un proyecto les ayudamos en el complejo proceso de obtención de documentos que les permitan transitar legalmente por la República Dominicana y evitar la deportación forzosa.
Muchos retos
Son muchos los retos que encontramos en este ambiente pero uno particular es el de los niños. Hay muchos niños que se quedan solos en casa todo el día, y algunos incluso durante toda la semana, mientras sus madres trabajan en la República Dominicana. Para ellos, por las tardes organizamos actividades educativas en nuestra casa, actividades de refuerzo escolar y, sobre todo, ofrecemos nuestra presencia y un lugar protegido donde se sienten seguros, menos solos y vulnerables. Sin embargo, desgraciadamente hay muchos niños que siguen a sus madres mientras están trabajando y se pasan todo el día en la zona fronteriza pidiendo ayuda y corriendo el riesgo de desaparecer; el tráfico de menores entre Haití y la República Dominicana es desgraciadamente floreciente e incontrolado.
Como Misionera Comboniana doy gracias a Dios por esta oportunidad de hacer causa común con el pueblo Haitiano, un país que lucha por su liberación. Recemos y luchemos por Haití, y con todas nuestras fuerzas, humanas y espirituales, creamos en un futuro lleno de vida para este pueblo.

